Pleno Invierno

Estar parado ahí en pleno invierno tiene algo sagrado. El frío te atraviesa el abrigo, el viento te pega de lleno en la cara y el salitre se te pega a las manos mientras acomodás la caña. Pero en medio de esa soledad, de cara al mar inmenso y con las luces del centro brillando a lo lejos, la cabeza se acomoda sola.Para los que crecimos en Mardel, el invierno en la costa no es un castigo, es un refugio. Es el momento donde la ciudad se vuelve íntima, en el que la paciencia se pone a prueba entre el ruido de las olas rompiendo contra el hormigón y la espera silenciosa. Son esas madrugadas heladas donde no importa el frío si la vista te regala esta calma.Un rincón bien marplatense para frenar la pelota, respirar hondo el aire más puro del año y conectar con nuestra verdadera identidad de cara al Atlántico.

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