Un sano concejo para la política local

Columna semanal de Jorge Nuñez Arzuaga.

La política tiene tensión y conflicto, se confrontan ideas y procedimientos que muchas veces responden a miradas opuestas. Y el acuerdo social sobre los valores mayoritariamente compartidos tiende el puente para la convivencia. Algunos dicen que es “el arte de lo posible”, según el concepto atribuido a Aristóteles, como una forma de darle criterio de realidad y bajarla de las nubes de la utopía al cielo raso del hogar cotidiano.

Seguramente todos los integrantes del Concejo Deliberante de General Pueyrredon estudiaron, oportunamente, los tres pilares de la retórica: Ethos (el discurso), Pathos (las emociones) y Logos (la comunicación). Pasando por Maquiavelo, Thomas Hobbes, Montesquieu, Russeau o Jean-Marie Domenach, hasta el “momentum político” actual donde el diálogo y el consenso son las vacas sagradas de la democracia moderna. Aunque los gritos, las chicanas y provocaciones de algunos tiendan a empañar la gestión de todos.

Me permito un flashback: corría el año 1983 y en el segundo piso de la Municipalidad había un lugar oscuro, que permanecía cerrado desde largo tiempo. Los muebles estaban apilados y sucios, llenos de polvo, herrumbrados. Apenas un tibio rayo de sol comenzaba a filtrarse por las hendijas, hasta que se abrieron las puertas y ventanas. Allí estábamos, en el recinto del Concejo Deliberante frente a la tarea de recuperarlo, restaurar las bancas y el estrado, limpiar y pulir el piso de madera, colocar cortinas nuevas y una flamante bandera argentina. Mi padre trabajaba en Mayordomía y yo era ordenanza de la Secretaría Privada del Intendente. Los trabajadores municipales pusieron en valor ese ámbito que la dictadura había clausurado, y los marplatenses volvieron a darle vida política. Tengo un profundo respeto y amor por su patrimonio material y simbólico.

Volviendo a la lámina principal… En estas cuatro décadas recientes el HCD se afianzó como espacio de debate de Mar del Plata y Batán. Hay lapsos en que sus voces rebotan intramuros, sin ir más allá de los medios de difusión, y otros en los que se intenta ampliar un marco participativo. Por ejemplo, tuve la oportunidad de ser uno de los coordinadores del Programa Control Ciudadano para las Buenas Prácticas Legislativas (en 2012), junto a un grupo de voluntarios que realizó un seguimiento a las reuniones de comisiones internas y sesiones ordinarias y extraordinarias, auscultando la presencia y productividad de cada concejal, la participación de personas y sectores involucrados con los temas y proyectos tratados, los mecanismos instalados en la actividad legislativa para favorecer la participación, rendición de cuentas, toma de decisiones, etc. No he dejado de asistir desde entonces a reuniones y sesiones, audiencias públicas o actos sociales y culturales en sus instalaciones, o ver las transmisiones en directo por la página web. Además, realicé innumerables entrevistas periodísticas en Foro Comunal, de Canal 33 TV Comunitaria, a quienes ocuparon y a quienes aspiraban a ocupar esas bancas Desde tal experiencia asumo la responsabilidad de escribir esta crítica constructiva.

El Cuerpo Deliberativo de 24 ediles mantiene una cuenta pendiente: la llegada a los territorios, la capacidad de empatizar y ser el prisma que exprese los diversos colores que conforman la comunidad local. Si los ciudadanos se sienten escuchados y comprendidos el Poder Legislativo elevará su calidad, y si aporta soluciones a los problemas ¡mucho mejor!

Un buen concejo debería permear hasta el humus fértil de toda la población.

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