Noche Costera
Hoy la postal nos devuelve a casa, a caminar la costa cuando la ciudad afloja y queda el rumor del mar en la oscuridad.
Hay una mística muy propia en recorrer la rambla de noche, con el paseo abierto, casi desierto, y ese viento fresco que nunca descansa en Mar del Plata. Ver la bandera flameando con fuerza contra la negrura del cielo, iluminada apenas por las farolas del paseo mientras las luces de la costa titilan a lo lejos, te frena el paso sin que te des cuenta.
Caminar por estas baldosas frías, sintiendo el salitre en el aire y la inmensidad del agua que se adivina más de lo que se ve, tiene algo de refugio. Es el momento en que la costa deja de pertenecerle al apuro del día y vuelve a ser ese espacio íntimo donde uno viene a pensar, a tomar aire y a reencontrarse con el silencio.
Octubre va corriendo sus noches, la brisa marina nos acompaña el paso y, en cada rincón abierto al Atlántico, nuestra identidad sigue firme de cara al horizonte.


