La pelea por el usuario del transporte para subsistir
Columna de opinión de Jorge Núñez Arzuaga.
Mar del Plata volvió a los medios nacionales gracias al escándalo en el Concejo Deliberante, cuando representantes de Apps del transporte se tomaron a golpes de puño con taxistas en la reunión de Comisión de Movilidad Urbana. A la desesperación del presidente de la Comisión, el concejal Guido García (Coalición Cívica), por calmar los ánimos, se sumaron los ediles Vilma Baragiola, Marcelo Cardoso, Mariana Cuesta, Diego García, Ariel Bordaisco, el propio presidente del HCD Emiliano Recalt, y los empleados del Concejo. Finalmente se suspendió, y ahora entramos en una semana definitoria para aprobar una nueva legislación que regule toda la actividad del sector, primero en comisiones el martes y luego en la sesión plenaria del jueves.
La antigua discusión entre taxis y remises ahora es de éstos contra las plataformas como Uber, DiDi o Cabify.
Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que esa es una falsa dicotomía. La verdadera cuestión no es quién debe desaparecer, sino cómo lograr que ambos sistemas convivan en beneficio de los ciudadanos.
La experiencia internacional muestra que la discusión ya no suele ser «taxis o apps», sino cómo lograr que convivan en igualdad de condiciones, garantizando seguridad, competencia y derechos de usuarios y conductores. La tendencia mundial es pasar de la prohibición a la regulación.
Cuando una persona necesita trasladarse, no está pensando en disputas corporativas, busca seguridad, rapidez y un precio razonable. Esa debería ser también la prioridad de quienes legislan. Durante mucho tiempo, algunos gobiernos intentaron resolver el problema prohibiendo las aplicaciones. En la práctica, el resultado fue escaso o nulo. Las plataformas siguieron funcionando, los usuarios continuaron utilizándolas y el conflicto se trasladó a los tribunales o a las calles.
Hoy la mayoría de las ciudades más desarrolladas ya no cuestionan si permitir o no las aplicaciones, sino bajo qué reglas hacerlo. La regulación apunta a garantizar seguros adecuados, controles de antecedentes, vehículos en condiciones, mecanismos de reclamo y obligaciones tributarias claras. Es decir, proteger al pasajero sin impedir los distintos medios.
El taxi, por otra parte, sigue teniendo un papel importante. Constituye un servicio reconocido, profesionalizado y con una larga tradición en nuestras ciudades. Pero tampoco puede pretender quedar aislado de los cambios tecnológicos. En numerosos países los propios taxistas se incorporaron a plataformas digitales o desarrollaron aplicaciones propias para competir en igualdad de condiciones.
Por supuesto que también existen desafíos. Las aplicaciones no deben transformarse en espacios de precarización laboral ni en actividades exentas de controles que sí cumplen otros actores del sector. La competencia debe ser leal y las reglas, parejas para todos. El objetivo no puede ser crear privilegios nuevos para reemplazar privilegios viejos.
En ciudades como Mar del Plata, donde la movilidad urbana forma parte de la vida cotidiana de residentes y turistas, lo inteligente es encontrar un equilibrio.
En los últimos años la tendencia ha sido regularlas más que prohibirlas. Rosario, Neuquén, Villa Allende, San Francisco y otras ciudades avanzaron en ordenanzas específicas para Uber, Cabify y DiDi.
Los requisitos más frecuentes son: Registro municipal. Seguro para pasajeros. Licencia habilitante. Certificados de antecedentes. Antigüedad máxima del vehículo. Pago de cánones o tributos.
Además, creo que la pregunta correcta no es si queremos taxis o aplicaciones. La pregunta correcta es: ¿qué sistema de transporte queremos para el futuro?

