El mapa político de Mar del Plata hacia 2027
El mapa político de Mar del Plata hacia 2027
Columna de opinión de Jorge Nuñez Arzuaga.
El recambio institucional que vivió General Pueyrredon a fines de 2025 abrió un temprano escenario de transición. Con el paso de Guillermo Montenegro al Senado bonaerense, la intendencia interina de Agustín Neme no solo heredó la gestión diaria del municipio, sino también la enorme responsabilidad de sostener el capital político del oficialismo de cara a las elecciones municipales de 2027.
El desafío es gobernar una de las ciudades más complejas del país, con dos caras bien diferenciadas: la Mar del Plata que se exhibe hacia afuera, y la realidad estructural de sus barrios a lo largo y ancho de todo el partido.
Es precisamente en esa tensión donde radica el principal factor de desgaste para el modelo local. Hace años que el relato oficial se sostiene sobre el concepto de la “ciudad del sí”, potenciando el perfil turístico, el desarrollo privado en la costa y los eventos masivos. Sin embargo, la contracara emerger de forma abrupta cuando los servicios esenciales -como el deficiente sistema de transporte público, la infraestructura vial periférica o la atención en las salas de salud- muestran signos de precariedad o negligencia. El relato hace agua con la cotidianeidad del vecino. Consolidar la continuidad hacia 2027 requerirá algo más que consignas de orden del espacio público y desalojo de “fisuras”; exigirá demostrar que la eficiencia estatal no se detiene allí donde se termina el asfalto nuevo o la zona turística.
Además, el éxito del oficialismo en el próximo turno electoral no dependerá únicamente de la gestión urbana, sino de su capacidad para contener sus propias fronteras políticas. El gran interrogante de ingeniería electoral para 2027 es si el PRO y las fuerzas libertarias locales lograrán confluir en una propuesta unificada o si la competencia de identidades los llevará a presentar opciones separadas. En este sentido, la Libertad Avanza tiene un potencial candidato en Emiliano Recalt, actual presidente del Concejo Deliberante.
En esa misma encrucijada, el radicalismo es un actor con peso propio indiscutible. Con el senador nacional Maximiliano Abad como principal armador y referente, la UCR local busca revalidar su histórica musculatura territorial.
Este escenario de desgaste potencial y reconfiguración oficialista, no se traduce automáticamente en una ventaja para el arco opositor. Si el actual modelo enfrenta el reto de las grietas de su propia alianza, las fuerzas opositoras tradicionales tienen sus propios problemas de convivencia interna. La cuestión de fondo es si los sectores representados por Fernanda Raverta y el exintendente Gustavo Pulti constituyen hoy una propuesta definitivamente dividida e irreconciliable; y si alguna de estas dos partes mayoritariamente peronistas, logra un nivel de crecimiento que lo convierta en alternativa para disputar la intendencia.
Otro dato importante a considerar es el descontento acumulado ante la crisis socioeconómica persistente, lo que mueve un caudal de votos flotantes que la izquierda y otros sectores independientes aspiran a capitalizar. En una Mar del Plata con deudas sociales históricas, el porcentaje de votos de estas expresiones políticas no debe ser subestimado. Si logran canalizar de manera inteligente la frustración de las barriadas populares y sectores medios castigados por el proyecto libertario, podrían convertirse en los árbitros definitivos de la elección, arrebatándole puntos vitales a las estructuras mayoritarias.
Mar del Plata y Batán se encaminan hacia una disputa de fondo donde ya no bastará con apelar a las marcas políticas nacionales o a las herencias de liderazgos anteriores. La gestión de Neme se juega la posibilidad de continuidad sin la figura de Montenegro en la boleta local;los libertarios deben medir si alcanza con la marca “Milei” o necesitan un frente con el Pro; la UCR de Abad, sopesar su vigencia; la oposición, la oportunidad de demostrar si puede enamorar con un nuevo proyecto de ciudad; y las otras fuerzas, el desafío de romper el statu quo.
La política local tendrá que demostrar madurez, imaginación y coraje para recuperar la confianza de la ciudadanía, y renovar las expectativas de mejoras y desarrollo con equidad.

