Un transporte público barato, limpio y eficiente

Columna semanal de Jorge Nuñez Arzuaga.

Hace unas semanas hablamos en este espacio de Mar del Plata y la deuda pendiente del transporte público. Hoy vamos a ampliar la reflexión y el debate más allá de la coyuntura y pensando en el futuro próximo, mediato y de largo plazo.

No existe un solo modelo de transporte publico en el mundo. Hay sistemas concesionados a privados, cooperativas, mixtos y directamente estatales. Tampoco es uniforme el financiamiento: lo puede pagar el usuario con el boleto, o puede ser gratuito subsidiado por el Estado a través de tasas e impuestos.

Desde 2020 en Luxemburgo los trenes, tranvías y colectivos son totalmente gratuitos. Estonia lo practica en la ciudad capital de Tallin. Más de 100 municipios de Brasil con el programa Tarifa Zero han logrado gratuidad total del colectivo apelando a rentas fiscales generales, impuestos corporativos o regalías extraordinarias. En Francia también más de 30 ciudades lo hacen en sus redes urbanas de buses para reducir el uso del automóvil particular y bajar la contaminación.

Antes de continuar, vale aclarar que implementar un esquema de gratuidad absoluta en General Pueyrredon sería inviable por el momento: exigiría triplicar la carga impositiva local, y tendría un impacto demoledor para taxis, remises y demás actividades del sector. Pero sí se puede aprovechar la oportunidad de replanteo y modernización de la movilidad en el actual Pliego de Transporte Público, con una tercera vía técnica y realizable: un Sistema Mixto Autosustentable basado en la electrificación de una parte de la flota de colectivos. La propuesta no requiere comprometer los fondos del municipio ni asfixiar a los contribuyentes; por el contrario, utiliza el enorme ahorro energético que genera la electromovilidad para financiar y amortizar la inversión inicial.

El verdadero cambio radica en la ingeniería financiera propuesta bajo un modelo de Asociación Público-Privada (APP): Fondos de inversión sostenibles o proveedores de energía adquieren la flota eléctrica y la infraestructura de carga. Los operadores locales no deben desembolsar el capital inicial de compra, sino que alquilan las unidades abonando una cuota mensual garantizada por los recursos que dejan de gastarse en combustible diésel.

¿Por qué la electricidad vence al diésel? Al analizar un colectivo urbano con un recorrido estándar de 200 kilómetros diarios (60.000 km al año):

Tecnología Diésel (35 L/100km a $1.300/L) $31.800.000 (Consumo + Mantenimiento)

Electromovilidad (1.2 kWh/km a $150/kWh) $13.050.000 (Consumo + Mantenimiento)

Ahorro Neto Anual: $18.750.000 por colectivo

Menor desgaste mecánico: Los sistemas eléctricos reducen a la mitad los costos de repuestos, filtros y cambios de aceite, ahorrando otros $2,25 millones adicionales por año gracias al uso de freno regenerativo.


Reducción total: El costo operativo pasa de $31,8 millones a $13,05 millones al año, liberando $18,75 millones de ahorro por unidad.


Al escalar este esquema a una línea troncal de 20 unidades, el sistema local genera un ahorro global de $375.000.000 anuales. Ese margen es la llave que permite pagar la tecnología y sostener un precio de pasaje bajo sin perforar las finanzas municipales.

Estas cifras son estimativas y se basan en información extraída de sitios especializados de internet. Aquí las tomamos como referencia para dar contexto y explorar nuevas posibilidades. Por supuesto que antes de avanzar con una proyección de escala masiva habría que ensayar una prueba piloto.

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