Plaza Rocha

La Plaza Rocha se ha vestido de otoño, con esa alfombra interminable de hojas doradas y marrones que crujen bajo los pies (bueno, hoy crujen bajo las gotas).

Ver la plaza así, con la llovizna constante borroneando los contornos y el olor a tierra mojada impregnándolo todo, es una invitación a la introspección.

El aire fresco nos recuerda que los días largos del verano quedaron atrás, y que el pulso de la ciudad cambia, volviéndose más íntimo y pausado.

Por cierto, el cambio de clima me agarró con una de esas gripes de cambio de estación, pero por suerte voy recuperándome. Quizás por eso la postal de hoy tiene un aire aún más reflexivo. A veces el cuerpo nos pide parar y el otoño nos da el escenario perfecto.En un día así, el calor es fundamental. Por eso, me gustaría darle un cálido abrazo a la distancia a quien pudiera leer esto, especialmente si están pasando por lo mismo o si el día gris los tiene un poco melancólicos.

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