El Torreón del Monje

Hoy la postal nos lleva a uno de los puntos más mágicos y fotografiados de nuestra costa: el Torreón del Monje.

Para cualquier marplatense, pasar por esa curva y ver su silueta recortada contra el mar es sentir que estamos realmente en casa. Me acuerdo de quedarme mirando esas paredes de piedra y pensar que era un castillo de cuentos, perdido en medio de la ciudad. Con el tiempo, uno aprende que es mucho más que una joya arquitectónica, es el guardián de mil historias.

De hecho, existe todo un cuento trágico (casi una novela de suspenso y amor) que le da nombre al lugar. Según la leyenda del «diario del monje», estas paredes esconden la historia de Alvar Rodríguez y la joven Mariña, un relato de pasiones prohibidas y finales oscuros que parece sacado de un libro de misterio gótico. Esa bruma que a veces lo rodea no hace más que alimentar el mito.

Es el lugar obligado para bajar a las rocas, sentir el salitre de las olas rompiendo bien cerca y quedarse un rato largo contemplando la inmensidad del horizonte. Es, sin dudas, el corazón de nuestra identidad costera.

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