Cómo impacta el desempleo en el país

El último informe del INDEC situó el desempleo en el 7,8% al cierre del primer trimestre de 2026.

Si bien el indicador porcentual se mantuvo estable, la destrucción de puestos registrados y el fuerte salto del empleo «en negro» encienden las alarmas de las organizaciones sindicales. Al analizar la situación por regiones, la crisis expone el impacto de las políticas del gobierno nacional y consolida al Gran Buenos Aires como el polo más afectado por las políticas de desregulación.

El escenario laboral de la Argentina expone tensiones estructurales que impactan de lleno en las condiciones de vida de los trabajadores. De acuerdo con el informe técnico de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondiente al primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación abierta a nivel nacional se ubicó en el 7,8% de la Población Económicamente Activa (PEA). El trabajo revela el impacto de las políticas del gobierno en las distintas regiones del país y consolida al Gran Buenos Aires como el área geográfica donde más creció el desempleo.

A primera vista, la cifra exhibe una aparente estabilidad macro: representa una reducción de 0,1 puntos porcentuales en la comparación interanual (frente al 7,9% del primer trimestre de 2025) y un incremento de 0,3 puntos respecto del cierre del año anterior. Sin embargo, el verdadero «efecto derrame» de la crisis se encuentra en las variables de volumen absoluto y calidad de inserción: la cantidad neta de personas sin empleo trepó a 1,72 millones, lo que implica que 81.074 argentinos se sumaron al desempleo respecto del trimestre previo y 15.343 en relación con el año pasado.

Esta aparente contradicción matemática, baja porcentual con suba nominal de desocupados, se explica porque la Población Económicamente Activa se expandió un 1,73%, superando el crecimiento demográfico general (1,02%), lo que diluyó el indicador de desocupación pero no la falta de puestos.

La precarización como refugio: el empleo formal en rojo

La fisonomía de los puestos creados en el último año revela una fuerte tendencia hacia la desregulación y la pérdida de derechos de convenio. En este marco, el mercado laboral consolidó una dinámica de sustitución: mientras que el empleo formal perdió 32.211 puestos registrados, el circuito informal incorporó a su trama un lote de 403.758 personas.

Como consecuencia de este desbalance, la tasa de informalidad laboral trepó al 44,2% de la fuerza de trabajo asalariada, marcando un incremento de 2,2 puntos porcentuales en los últimos doce meses.

En paralelo, la subocupación horaria, es decir, aquellos operarios que prestan tareas menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y demandan extender su jornada laboral, tuvo un avance estadísticamente significativo al establecerse en el 11,1%. Al sumar a los desocupados abiertos con los subocupados y los ocupados plenos que buscan activamente otra fuente de ingresos, la presión global sobre el mercado de trabajo trepó al 29,6% de la PEA, reflejando que casi un tercio de la fuerza laboral activa experimenta insuficiencia de ingresos o precariedad ocupacional.

El relevamiento oficial del INDEC desnuda profundas asimetrías a nivel federal, concentrándose el mayor deterioro industrial y de servicios en los grandes centros urbanos del país. El desempleo golpea con mayor saña a las ciudades de más de 500.000 habitantes, donde promedia el 8,3%, frente al 5,7% detectado en los aglomerados pequeños.

El análisis detallado del INDEC pone de relieve una situación que se asocia directamente con las políticas del gobierno de desregulación y la parálisis de la obra pública a nivel nacional. Las tasas específicas confirman que el desempleo continúa cebándose con las franjas más vulnerables de la estructura social, afectando principalmente a las mujeres de hasta 29 años (15,5%) y a los varones jóvenes de la misma franja etaria (14,6%).

Asimismo, desde el plano institucional, los gremios de la administración estatal y de los servicios recalcan que la devaluación de la calidad de los puestos, donde los trabajadores independientes bajo la modalidad de «cuenta propia» representan ya el 24,2% de la tasa de empleo total, destruye la base de financiamiento de las obras sociales y el sistema previsional argentino. (Mundo Gremial)

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