China: las cinco claves de una competitividad que desafía al mundo
La creciente competitividad de China no puede explicarse solamente por sus menores costos laborales. Según Bernardo Kosakcoff, profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y en la Universidad de Buenos Aires, la fortaleza exportadora del gigante asiático no responde a un único factor, sino que surge de un sistema productivo que combina escala, tecnología, infraestructura, financiamiento, cadenas de suministro integradas y una política industrial activa.
Según el académico señala en una nota publicada por La Nación, uno de los factores señalados por distintos economistas es el valor del yuan. Brad Setser estima que la moneda china podría encontrarse entre un 30% y 35% por debajo de un nivel considerado de equilibrio, aunque otras metodologías arrojan diferencias menores. El FMI, más prudente, también advierte sobre los fuertes desequilibrios externos de China, impulsados por sus exportaciones y una demanda interna relativamente débil.
A esto se suma la enorme escala de producción. China fabrica grandes volúmenes de bienes, lo que permite reducir costos y mejorar rápidamente sus procesos. Esa ventaja se potencia por sus cadenas industriales integradas, que concentran proveedores de materias primas, componentes, logística y productos terminados.
La política industrial constituye otro elemento decisivo. El Estado chino ha sostenido durante décadas sectores considerados estratégicos, facilitando inversiones, infraestructura, crédito y desarrollo tecnológico. El resultado es una combinación de producción masiva e innovación que le permite competir incluso en industrias de alta tecnología.
El quinto factor es la debilidad relativa del consumo interno. Una elevada tasa de ahorro y una inversión industrial muy elevada generan una capacidad productiva que supera la demanda doméstica. Parte de ese excedente termina volcándose al mercado internacional mediante mayores exportaciones.
Las diferencias de precios ilustran la magnitud del fenómeno: diversos productos chinos llegan al mercado mundial con valores significativamente inferiores a los de sus competidores, desde vehículos eléctricos y baterías hasta paneles solares, electrodomésticos y maquinaria.
Abrirse o protegerse no es la cuestión
Para países como Argentina, el desafío no consiste simplemente en decidir entre abrirse o protegerse de la competencia china. La cuestión central es identificar en qué sectores esa capacidad puede convertirse en una oportunidad de inversión, transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores locales, y en cuáles puede provocar un desplazamiento de la producción nacional.
Sistema productivo integrado China no compite solamente con empresas individuales: compite con un sistema productivo integrado. Comprender esa característica resulta clave para diseñar políticas industriales y comerciales capaces de aprovechar sus ventajas sin resignar capacidades productivas propias. (InfoGEI)

