Varese
Hoy la postal nos para bien alto, mirando cómo la bahía de Playa Varese se despide del día.Hay atardeceres marplatenses que parecen quemar el cielo. Ese momento exacto en que el sol tiñe las nubes de un naranja rabioso sobre el horizonte del mar, mientras abajo la arena ya se va apagando y el frío empieza a ganar la costa. La curva del asfalto se llena de los primeros faros de los autos que vuelven a casa, y las farolas de la rambla despiertan una a una como pequeñas brasas en la penumbra.Pararse ahí arriba, con la campera cerrada hasta el cuello y el viento salado pegando de frente, te devuelve la perspectiva de todo. Varese desierta, con sus escolleras calmas protegiendo la orilla, tiene esa quietud nostálgica que solo conocemos los que caminamos la ciudad fuera de temporada. La inmensidad del agua se traga los ruidos del día y solo queda el rumor parejo de las olas.Septiembre avanza, las tardes empiezan a estirarse apenas un poco más, y estos incendios en el cielo nos recuerdan la suerte inmensa de tener el mar a la vuelta de la esquina para respirar y seguir.


