Abriguemos el invierno con cultura

Columna semanal de Jorge Nuñez Arzuaga

Mar del Plata no descansa cuando baja la temperatura. Al contrario: es en estas semanas de receso escolar cuando la ciudad despliega una trama cultural sostenida por cuatro engranajes distintos -el municipal, el provincial, el independiente y el privado- que vale la pena mirar por separado.

Desde el Estado local, el Ente de Turismo y Cultura vuelve a poner en marcha “Aventura en Mar del Plata”, que llega a su tercera edición y despliega su programación entre el 20 de julio y comienzos de agosto. Villa Victoria, el Museo Castagnino, la Casa sobre el Arroyo, Villa Mitre, la Casa de Mores y el Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia abren con teatro, títeres, narraciones, visitas guiadas y actividades científicas, con entrada libre o aranceles accesibles. Un álbum de figuritas de la Selección Cultural marplatense acompaña el recorrido, y en paralelo el Programa Sociocultural Almacenes Culturales lleva jornadas recreativas gratuitas a distintos puntos. Es una programación apoyada en la infraestructura de museos y teatros de la ciudad. A esto se le suma la magia callejera y el humor a la gorra del Circo en la Plaza del Agua, recordándonos que la cultura también se goza en el espacio público.

Pero hay un circuito que sostiene la escena marplatense todo el año, y no solo cuando el calendario turístico lo amerita, ese es el independiente. Nucleados en la Asociación de Trabajadores del Teatro Región Atlántica (Attra), bajo la consigna “es hora del teatro independiente”, salas como El Séptimo Fuego, Cuatro Elementos, El Galpón de las Artes, El Telón, La Bancaria, el Centro Cultural América Libre, el Centro Cultural Osvaldo Soriano, El Club del Teatro, el CCAVE y La Maga programan durante todo el invierno con elencos propios y entradas a la gorra o de cooperación solidaria. En El Séptimo Fuego, por ejemplo, conviven en cartel títulos como «Kassandra», «Lo que quieren las guachas», «Una rosa blanca», «Contracciones» y «Gracias María Elena». Esa continuidad -trabajar todo el año, no solo en enero o en julio- es lo que distingue a este circuito y lo que, me parece, merece un lugar central en cualquier balance de la vida cultural de la ciudad.

El nivel provincial también aporta lo suyo. El Centro Provincial de las Artes, con sede en el Teatro Auditorium, fue este invierno anfitrión de la quinta edición de la Feria Invierno, organizada junto con la editorial marplatense El Gran Pez: más de ciento cuarenta editoriales independientes de todo el país, treinta actividades entre charlas, talleres y un encuentro de traductores de poesía, y proyecciones de «Nuestra tierra», de Lucrecia Martel, y «La virgen de la tosquera», de Laura Casabé, con entrada libre y gratuita. Es un ejemplo concreto de articulación entre un espacio provincial y la cultura autogestiva. El Teatro Auditorium y su ya emblemático programa «A desaburrir el invierno» (que este año acierta transformando sus salas en una enorme y colorida kermés multidisciplinaria), y el Museo MAR, que demuestra que el arte contemporáneo y las infancias pueden dialogar a la perfección a través de su ludoteca y shows musicales en vivo.

Para el público infantil, dos propuestas concentran la atención de estas vacaciones. El Festi Títeres, con más de treinta años de historia, cambia este año de sede: ante la situación que atraviesa el histórico Vagón de los Títeres, el Colectivo EPA (liderado por el titiritero marplatense Ezequiel Kaufmann) trasladó el festival a la Sala Arturo Jauretche de La Bancaria, con funciones diarias del 20 de julio al 2 de agosto, y sumó el ciclo «Merienda con Títeres» en el Argentino Bar, con obras como «Michelino y sus títeres», «Yo quiero la Luna», «Cargamento X», «Juan Panadero», «Títeres en fuga» y «Cuentos del viejo titiritero». A su vez, la 11ª Feria del Libro Infantil y Juvenil «Mar del Plata Puerto de Lectura», ocupa el Torreón del Monje del 18 de julio al 1° de agosto, con el ciclo de encuentros «Gira-Palabras para abrir mundos», la narración diaria «Tubocuentos» a cargo de Jimena Gamarra, presentaciones de libros y jornadas de juegos de mesa de la editorial Zeldus.

A este mapa se suma la oferta privada y comercial: espectáculos como el Festival Yequita, conciertos a la luz de las velas, ferias gastronómicas y de colectividades. Cada circuito responde a una lógica distinta -de gestión, de financiamiento, de público- y ninguno sustituye al otro.

Espacios como Chauvin aportan modernidad con su concepto de microteatro y shows acústicos boutique, mientras que la oferta de entretenimiento puro -desde los masivos parques de trampolines e inflables techados hasta citas como la Toy Con o el Mar del Plata Coffee Cup en el Provincial- demuestra que la ciudad sabe cómo recibir y divertir a gran escala. E incluso los jóvenes y amantes de la música encuentran su lugar con las noches de la Fiesta Bresh o recitales de bandas como Don Osvaldo.


Mar del Plata en vacaciones de invierno es mucho más que una postal de mar gris y viento. Es una ciudad que late fuerte puertas adentro. Elegir qué ver, qué escuchar y dónde jugar estos días no es un problema de falta de opciones, sino de agenda. Los espacios están listos, las luces encendidas y los artistas en el escenario. Solo nos queda abrigarnos y dejarnos sorprender por el talento.

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