Las Raíces son Femeninas

Caminar por la Diagonal Pueyrredón a la altura de La Rioja suele tener ese ritmo frenético del centro, entre el movimiento del shopping y el café al paso. Pero hay un punto donde el tiempo se detiene, o mejor dicho, se profundiza.Allí se levanta la obra de Marie Orensanz: una estructura de acero que, lejos de ser un bloque frío y cerrado, se deja atravesar por la luz. «Las raíces son femeninas», reza el calado. Es un homenaje a Azucena Villaflor, pero también es un recordatorio constante para todos los marplatenses sobre quiénes sostuvieron la historia cuando todo parecía desmoronarse.Me gusta ver cómo cambian las letras según la hora del día. A veces, el sol proyecta la frase sobre la vereda; otras, como en esta imagen otoñal, el follaje seco de la plaza parece querer fundirse con esas raíces simbólicas. Orensanz dice que el pensamiento no debe tener límites, y esta obra es eso: memoria que respira, que se vuelve paisaje y que nos recuerda que, para que un árbol (o una sociedad) crezca derecho, las raíces tienen que ser fuertes y tener memoria.

