La última función del diez
Hoy la postal hace una pausa obligada de nuestras esquinas y nuestras costas. Hay días en los que el mapa se estira y la emoción de todo un país late en un solo lugar: hoy juega Lionel, y es imposible no sentir ese nudo en la garganta al saber que estamos viviendo su último partido con la celeste y blanca.Cuesta poner en palabras lo que significa despedir a quien nos enseñó a creer cuando todo parecía cuesta arriba, a quien nos devolvió la alegría más pura y nos regaló momentos que van a vivir para siempre en la memoria colectiva. Hoy la cabeza y el corazón están allá, clavados en la pantalla, en cada toque, en cada gambeta, despidiendo al pibe que nos hizo eternos.Es una mezcla rara de gratitud infinita y esa melancolía inevitable de saber que se termina una era que nos marcó para toda la vida. Son noventa minutos para guardar en una cajita, para abrazar a los que tenemos al lado y dar gracias por haber sido contemporáneos de semejante magia.La semana que viene volvemos a caminar nuestras calles, al mar y a las postales de siempre de nuestra querida Mar del Plata. Pero hoy, la postal es él.Gracias por todo, Capitán. Eternamente gracias.


