La primavera que llueve
Hoy la postal nos muestra a Mar del Plata como tantas veces nos toca vivirla: empapada, con el asfalto transformado en un espejo de luces amarillas y rojas, y el cielo nocturno cerrado en un azul espeso.
Llegó la primavera, pero en Mardel la estación nunca viene con un manual de instrucciones. Nos promete días templados y de repente nos regala estas noches de lluvia persistente, de viento cruzado que dobla paraguas y de colectivos salpicando en las esquinas del centro. Es esa primavera caprichosa y costera que no termina de soltar del todo el invierno, obligándonos a seguir con la campera puesta y el paso apurado.
Sin embargo, hay una belleza muy melancólica en ver la ciudad lavarse bajo el agua. La gente cruzando las sendas peatonales bajo los paraguas, los edificios con sus ventanas encendidas prometiendo reparo y ese olor inconfundible a asfalto mojado mezclado con el aire de mar. La lluvia no apaga a Mar del Plata; la vuelve más íntima, más de los que la caminamos todo el año sin importar el pronóstico.
A veces, para florecer, también hace falta saber mojarse un poco.


