La calma después de la tormenta

Hoy la postal nos devuelve a la Plaza Colón, pero bajo una luz completamente diferente. Una mirada nocturna, donde el ritmo acelerado del día se apaga y la ciudad empieza a respirar de otra manera.

Viendo cómo las luces amarillas de los edificios y las farolas se filtran entre las palmeras, pensaba en lo necesario que es este momento del año. El otoño, con sus días cada vez más cortos y sus noches frescas, nos empuja casi sin pedirnos permiso a la introspección. Nos obliga a mirar un poco hacia adentro, a bajar las revoluciones y a buscar el reparo.

Después de semanas intensas, de ruidos y de salir a la calle, encontrarse con la plaza así de silenciosa se siente como un refugio. Los árboles van sueltan sus hojas y la naturaleza nos enseña, en silencio, que para sanar y volver a florecer, primero hay que saber transitar el propio invierno. Hay que vaciarse un poco, procesar y ordenarse en la quietud.

Los invito a aprovechar estas noches de mayo para regalarse un momento de silencio. A veces, la mejor forma de avanzar es detenerse a mirar el cielo entre las ramas y sanar el cansancio con un poco de paz.

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