El termómetro de la realidad en Mar del Plata
Columna de opinión de Jorge Nuñez Arzuaga.
Mientras en el Congreso de la Nación se debate la quita o el recorte del régimen de Zona Fría, en las calles de Mar del Plata la realidad se mide con otro termómetro. Se mide con las alertas amarillas por frío extremo, con sensaciones térmicas que perforan el cero y con una postal de este invierno: copos de nieve en las Sierras, en el centro y hasta en nuestras playas.
Para los marplatenses, el gas no es un confort suntuoso ni un privilegio que deba ser auditado bajo la lupa de la vulnerabilidad extrema; es una condición básica de supervivencia. El régimen establecido por la Ley 27.637 no nació de un capricho político, sino del reconocimiento de una realidad climática ineludible. El sudeste bonaerense sufre un clima hostil, húmedo y de bajas temperaturas sostenidas que nos iguala, en términos de necesidad energética, con las provincias patagónicas. Tratar de segmentar este beneficio por nivel de ingresos, convirtiéndolo en un subsidio de asistencia social en lugar de una tarifa diferencial geográfica, es ignorar cómo funciona el invierno en la costa.
El impacto de una eventual quita de la Zona Fría para el partido de General Pueyrredon sería demoledor y se daría en tres frentes simultáneos.
Primero, en los hogares de la clase media y trabajadora, cuyas facturas residenciales -que ya promedian entre $70.000 y $95.000 mensuales gracias al descuento actual- se duplicarían de la noche a la mañana, volviéndose lisa y llanamente impagables. Segundo, en el entramado productivo local: nuestros comercios e industrias ya no solo asumen costos variables altísimos, sino que además conviven con la incertidumbre de los cortes programados de GNC y restricciones en el suministro industrial cuando el consumo residencial llega a su pico. Quitar el incentivo de la Zona Fría es asfixiar el motor de una ciudad que históricamente da pelea contra los índices de desempleo.
Pero el escenario más dramático, y el que suele quedar invisible en las grandes discusiones, ocurre en la periferia de nuestra ciudad. En esos barrios donde el gas natural sigue siendo una promesa incumplida, la desregulación del mercado ha convertido a la calefacción en un artículo de lujo inaccesible. Con la garrafa de 10 kilos oscilando entre los $20.000 y $27.000 en los puntos de venta barriales, un salario mínimo apenas alcanza para cubrir el gas envasado de un mes frío. Familias enteras se ven empujadas a la precarización energética, recurriendo a la leña a precios prohibitivos o sobrecargando redes eléctricas precarias, con el riesgo habitacional y de salud que eso conlleva.
La defensa de la Ley de Zona Fría para General Pueyrredon es una causa transversal que une a la Defensoría del Pueblo, al Concejo Deliberante, a las pymes y a los vecinos de a pie. Están exigiendo que se respete una compensación justa ante una geografía que castiga con la inclemencia climática.
Si el Senado de la Nación convalida este recorte, estará firmando un certificado de desamparo para miles de marplatenses y batanenses. Cuando el termómetro marca bajo cero, la única respuesta del Estado no puede ser la indiferencia y el tarifazo.

