El mobiliario urbano también habla de la calidad de gestión
Columna semanal de Jorge Nuñez Arzuaga.
Cuando pensamos en el desarrollo de las ciudades surge la idea de obras a gran escala, como el asfaltado, las luminarias viales o desagües, por ejemplo. Sin embargo, existe otra capa del quehacer cotidiano, que define de manera directa cómo transitamos el día a día: el mobiliario urbano y los espacios de encuentro ciudadano.
Los bancos, los cestos de residuos, las paradas de colectivos, los bebederos, la iluminación, los trazados peatonales, los decks y los mapas de orientación son elementos de inclusión, seguridad y dignidad que transforman el cemento en un lugar habitable y fluido para todos.
Esta infraestructura cumple un rol vital en la dinámica de todo el partido de General Pueyrredon, adoptando formas específicas según dónde nos encontremos:
En los paseos y la costa: Frente al desafío del clima marino, se vuelven indispensables los bancos de hormigón resistente, los bebederos antivandálicos y los cestos de gran capacidad con tapa, diseñados para evitar que las ráfagas de viento dispersen los residuos hacia las playas.
En las peatonales y centros comerciales: Desde las arterias del centro marplatense hasta el corazón de Batán, el mobiliario debe invitar a la permanencia. Hablamos de asientos ergonómicos, luminarias a escala humana que aportan calidez nocturna, bicicleteros que promueven la movilidad sustentable y cestos diferenciados para la separación de residuos en origen.
En avenidas y corredores principales: En Luro, Juan B. Justo, Colón, Libertad, Champagnat o la Ruta 88, la prioridad es la seguridad del peatón y el orden del transporte. Refugios de colectivos iluminados y con protección contra la lluvia, apoyos isquiáticos, cartelería legible con mapas de recorrido e indicadores viales claros son requisitos básicos para garantizar un traslado cómodo y accesible.
En las plazas y parques: Tanto en los espacios emblemáticos como en la plaza del barrio más alejado, la presencia de juegos infantiles integradores, estaciones de gimnasia al aire libre, mesas comunitarias y puntos de hidratación -incluso adaptados para mascotas- es lo que transforma un terreno con césped en un verdadero punto de encuentro social.
Para que este ecosistema funcione, la ecuación requiere de dos partes fundamentales: gestión pública coordinada y compromiso ciudadano.
Por un lado, resulta indispensable que el Municipio aplique una planificación constante con criterios de materialidad duradera y estandarizada (hormigón, hierro galvanizado, madera plástica reciclada), garantizando un mantenimiento ágil. Pero, sobre todo, debe existir una distribución equitativa, asegurando que el mismo equipamiento de calidad que vemos en la franja costera llegue a los barrios de Mar del Plata y a cada rincón de Batán.
Por el otro lado, nos toca a los vecinos asumir un rol activo en el cuidado de lo que nos pertenece a todos. El mobiliario urbano se financia con el esfuerzo colectivo de la comunidad. Usar adecuadamente los cestos, cuidar los juegos infantiles y respetar la infraestructura no es solo preservar el patrimonio público; es educarnos como sociedad y cuidar la casa común.
Mar del Plata y Batán cuentan con un entorno natural y urbano privilegiado. Invertir en un mobiliario de calidad y cuidar nuestros espacios verdes es una apuesta directa a la convivencia y la calidad de vida.

